El Clúster


La sostenibilidad insostenible - Joan Lluís Rubio López

Abril Plasencia Queralt

Compartimos un nuevo artículo de opinión de Joan Lluís Rubio López, director de Marketing y Sostenibilidad de ADER Supergroup y empresa asociada del Cluster Catalonia Logistics. Este artículo forma parte del blog "Sostenibilidad con Propósito". En él, Joan Lluís reflexiona sobre una de las grandes cuestiones que afronta el sector en la actualidad: si la sostenibilidad está transformando realmente el modelo logístico o si, por el contrario, está dando lugar a una nueva industria con sus propias dinámicas de crecimiento.

 

“Toda revolución acaba creando su propia industria.”

Las empresas no son ONG.

Es una obviedad.

Nadie crea una empresa para perder dinero. Las empresas nacen para generar valor, competir y sobrevivir. Y eso no es un defecto del sistema. Es precisamente lo que explica el progreso económico de los últimos siglos.

Por eso resulta tan interesante observar qué está ocurriendo con la sostenibilidad.

Porque la sostenibilidad nace, en esencia, para corregir los excesos de ese mismo sistema. Para recordarnos que crecer tiene límites, que los recursos no son infinitos y que determinadas externalidades ya no pueden seguir siendo ignoradas.

Hasta aquí, todo parece lógico.

Sin embargo, cuanto más observo la evolución del mercado, más me ronda una pregunta.

¿Y si la sostenibilidad estuviera creando exactamente aquello que pretendía ordenar?

 

La economía de la sostenibilidad

Alrededor de la sostenibilidad ha surgido una economía completamente nueva.

  • Fabricantes de vehículos eléctricos.

  • Empresas de baterías.

  • Operadores de puntos de recarga.

  • Consultoras ESG.

  • Software de cálculo de emisiones.

  • Plataformas de reporting.

  • Certificadoras.

  • Verificadores.

  • Mercados de carbono.

  • Empresas de compensación.

  • Fabricantes de lockers.

  • Operadores de lockers.

  • Fabricantes de drones.

  • Plataformas tecnológicas.

  • Sistemas de monitorización.

  • Inteligencia artificial aplicada al cumplimiento normativo.

 

Y la lista sigue creciendo.

No hay nada malo en ello.

Al contrario.

Era inevitable.

Toda transformación profunda genera nuevas necesidades, y donde aparecen necesidades aparecen empresas capaces de resolverlas.

Eso es exactamente cómo funciona la economía.

Pero también significa que ha nacido una nueva industria.

Y, como cualquier industria, tiene exactamente los mismos incentivos que las anteriores.

 

  • Crecer.

  • Captar clientes.

  • Expandirse.

  • Atraer inversión.

  • Abrir nuevos mercados.

  • Ganar cuota.

 

Y aquí aparece la paradoja.

La sostenibilidad ha creado una economía que también necesita crecer para sobrevivir.

 

Cuando el medio se convierte en el fin

Quizá el riesgo no esté en estas empresas.

El riesgo aparece cuando el mercado empieza a alimentarse de sí mismo.

Cuando el éxito comienza a medirse por el número de certificaciones emitidas.

Por el número de plataformas implantadas.

Por el número de cargadores instalados.

Por el número de lockers desplegados.

Por el número de soluciones comercializadas.

Porque entonces dejamos de preguntarnos algo mucho más importante.

¿Todo esto está haciendo realmente el sistema más sostenible?

O, simplemente,

¿estamos construyendo una nueva economía alrededor de la sostenibilidad?

No son la misma pregunta.

 

La paradoja de las infraestructuras verdes

Basta observar cualquier ciudad.

Cada operador instala su propia red de lockers.

Cada empresa despliega sus propios cargadores.

Cada fabricante desarrolla su propio ecosistema tecnológico.

Cada plataforma quiere convertirse en el estándar.

Cada certificadora promueve su metodología.

Cada software crea su propio modelo de datos.

Cada actor construye su propia infraestructura.

Y todas esas infraestructuras, vistas individualmente, tienen sentido.

Pero vistas en conjunto plantean una reflexión incómoda.

¿Estamos simplificando el sistema… o haciéndolo cada vez más complejo?

Porque la naturaleza rara vez funciona multiplicando soluciones.

Funciona compartiendo recursos.

 

La lección que olvidamos

Hay un ejemplo extraordinariamente sencillo.

El buzón.

Durante décadas, el sistema postal resolvió millones de entregas utilizando una única infraestructura compartida.

No existía un buzón para cada operador.

Existía un buzón.

Era universal.

Interoperable.

Democratizado.

Compartido.

Y precisamente por eso era extraordinariamente eficiente.

Probablemente una de las infraestructuras logísticas más sostenibles que hemos construido nunca.

No necesitaba inteligencia artificial.

Ni sensores.

Ni aplicaciones móviles.

Ni plataformas digitales.

Necesitaba algo mucho más difícil de conseguir.

Un acuerdo común.

Quizá ahí exista una enseñanza que estamos pasando por alto.

 

Universalidad frente a fragmentación

La sostenibilidad no debería consistir únicamente en electrificar vehículos o instalar nuevas infraestructuras.

Debería aspirar también a construir soluciones compartidas.

Universales.

Interoperables.

Capaces de generar eficiencia colectiva, no únicamente ventajas competitivas individuales.

Porque cuando cada empresa desarrolla su propio ecosistema, su propia plataforma y su propia infraestructura, es legítimo preguntarse si estamos optimizando recursos… o simplemente redistribuyendo oportunidades de negocio.

 

La pregunta que deberíamos hacernos

No escribo estas líneas para cuestionar la sostenibilidad.

Todo lo contrario.

Creo profundamente en ella.

Pero precisamente por eso creo que también debemos atrevernos a cuestionar la industria que está creciendo a su alrededor.

Porque una cosa es crear soluciones sostenibles.

Y otra muy distinta es crear una economía cuya supervivencia dependa de seguir vendiendo sostenibilidad.

Son conceptos parecidos.

Pero no equivalentes.

Quizá la sostenibilidad del futuro no se mida únicamente por las toneladas de CO₂ que dejamos de emitir.

Quizá también deba medirse por nuestra capacidad para construir sistemas más simples, más compartidos y más universales.

Porque existe una última paradoja que no deberíamos ignorar.

¿Y si el mayor reto de la sostenibilidad ya no fuera reducir nuestras emisiones… sino evitar que la propia industria de la sostenibilidad termine reproduciendo el mismo modelo de crecimiento que nació para corregir?

Comentarios


Para comentar, por favor inicia sesión o crea una cuenta
Modificar cookies